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martes, 9 de junio de 2015

La fábrica de sueños

Hace muchos, muchos años, existió un hombre que soñaba con cumplir sueños ajenos. Desde pequeño, los sueños habían sido muy importantes para él. A medida que fue creciendo, se dio cuenta que a muchas personas les era dificultoso hacer realidad lo que soñaban y, lo que era peor, a muchos otros, les era imposible soñar.
Y entonces, soñó la manera de ayudar a la gente a concretar sus sueños, y como lo soñó con todo el corazón, lo hizo realidad. Con todos sus ahorros, construyó así la primera (y única) “Fábrica de sueños”. Muchos dijeron que estaba loco, otros lo ayudaron a cumplir su meta.
Trabajaron muy duro y construyeron un edificio con muchas oficinas. La fábrica tenía diferentes dependencias: “Sueños ambiciosos”, “Sueños motores”,  “Pesadillas”, y en el último piso y atendida por su dueño, estaba la oficina de los “Sueños Imposibles”.
A esta última costaba un poco llegar, pero se llegaba siempre porque para Bruno, su dueño, no había ningún sueño que no se pudiera hacer realidad. Después de mucho trabajo, muchas críticas y algunos elogios, la fábrica se inauguró. Como de sueños se trataba y de esos que se sueñan despiertos, cada persona que entraba veía a la fábrica de diferente manera.
A quienes tenían sueños sencillos, la fábrica les parecía una simple construcción, cálida y agradable. Por el contrario, quienes tenían pesadillas veían un castillo lleno de telarañas donde crujían todos los rincones. Dicen que quienes soñaban con ser artistas, podían escuchar, al entrar, música que nadie tocaba y aplausos que nadie brindaba.
Los que soñaban con un gran amor, aseguraban haber sido atendidos por un angelito que los guiaba con una flecha a su destino tan ansiado. Y como siempre se dijo que “soñar no cuesta nada”, Bruno jamás cobró por sus servicios.
La fábrica trabajaba día y noche buscando amores correspondidos, teatros a sala llena con público que aplaudiera de pie, o logrando –simplemente- un helado de siete sabores. Pero, sin duda, su mayor esfuerzo era enseñarles a las personas que para los sueños, también hay que trabajar y luchar.
Esta era la parte más difícil del trabajo de Bruno. La gente llegaba a su fábrica creyendo que, con sólo expresar en voz alta su deseo, el mismo ya podría ser cumplido.
- A un sueño hay que ayudarlo – decía siempre Bruno- hay que trabajar para lograr lo que uno desea y a veces mucho -Agregaba a sus sorprendidos clientes.
Muchos no lo entendían y se retiraban de la fábrica enfadados y desilusionados. Por el contrario, quienes sí entendían de qué se trataba, trabajaban duramente por lograr su cometido.
Y así era que podía verse en cada oficina, personas estudiando mucho, entrenando, ensayando, reflexionando sobre sus defectos para poder hacer felices a otros. Magos que aprendían trucos sin trucos, payasos que ensayaban rutinas insólitas para lograr la risa más sonora que se hubiese escuchado jamás.
También había cocineros probando sabores nuevos, recetas locas, combinaciones exóticas, todo por lograr el plato ideal, la comida más rica jamás preparada. Había muchos escritores que borraban, volvían a escribir, hacían bollitos de papel y todo en busca de su tan ansiado libro y otros, que soñaban con salvar el planeta que iban recolectando y reciclando todos los residuos que la fábrica generaba.
Fueron tiempos felices, donde la mayoría de la gente empezó a entender que un sueño no sólo se sueña, se construye, se defiende, se sostiene y luego se logra.
Dicen, quienes recuerdan aquellos tiempos, que mientras la fábrica estuvo abierta hubo menos robos y los noticieros daban más noticias buenas que de las otras. También aseguran que la gente enfermaba menos y entonces, médicos y enfermeras usaban el tiempo libre que tenían en concretar sus propios sueños. Los ahorros de Mario se iban acabando, mucho había invertido y nada ganaba, sin embargo él no pensaba en eso y seguía adelante.
- Deberíamos empezar a cobrar ¿no le parece Bruno? –Preguntaba Alma, su fiel colaboradora.
- De ninguna manera ¡Cobrar por ayudar a cumplir un sueño! ¡Ni soñando!
- Las reservas se acaban, yo se lo que le digo –Insistió la joven.
Sin embargo, Bruno hizo oídos sordos a lo que decía su amiga. Era consciente que ya casi no había dinero para sostener la fábrica en marcha, pero su deseo de seguir ayudando pudo más.
Bruno trataba de ajustar lo más que podía el presupuesto, pero sabía que tarde o temprano, en realidad, más temprano que tarde, el dinero se acabaría por completo.
- ¿Has visto Alma? Esa joven ha encontrado el amor- Comentó entusiasmado, un día Bruno.
- No queda dinero en el banco, ¿cómo podremos seguir? –Dijo la joven.
Bruno no respondió. No toleraba la idea de perder la fábrica. Y llegó el día tan temido. La fábrica cerró sus puertas. Su dueño no fue el único que sufrió la pérdida, pero si fue el que más lo hizo. Sentado en la puerta del gran edificio ya vacío, pensaba en que no había hecho las cosas bien y se culpaba por no haber escuchado a Alma.
Comenzó a invadirlo una gran sensación de fracaso. Al día siguiente de cerrar la fábrica, Alma volvió a ella, sabiendo que encontraría a Bruno como todos los días.
Se sentó a su lado, en el umbral de la puerta. Bruno no apartaba la mirada del suelo.
- He fracasado – Dijo sin mirar a su amiga.
- Ya lo veremos – Respondió Alma.
Bruno no entendió las palabras de ella, pero no tardaría en hacerlo.
Con el tiempo comenzó a darse cuenta que la mayoría de las personas habían aprendido que soñar era mucho más que desear algo. Vio que el fruto de su esfuerzo se reflejaba en niños sanos, amores correspondidos, aplausos sentidos y gente feliz.
Se dio cuenta que, a pesar de que la fábrica hubiese tenido que cerrar sus puertas, la gente no sólo no había dejado de soñar, sino que trabajaba con ahínco por lograr sus metas.
No había sido en vano, no había soñado un sueño imposible. Había abierto en cada persona una puerta que ya no podría volver a cerrarse.
Y entonces fue feliz, aún más de lo que había sido siempre.

Fin

martes, 2 de junio de 2015

El tiempo y las decisiones

Una día tiene 86000 segundos y este es uno de ellos, con opciones y posibilidades incontables. Tú eliges.

                

martes, 19 de mayo de 2015

La vasija agrietada

Cuento hindú sobre la aceptación de los defectos...

Un cargador de agua de la India tenía dos grandes vasijas que colgaban a los extremos de un palo y que llevaba encima de los hombros.
Una de las vasijas tenía varias grietas, mientras que la otra era perfecta y conservaba todo el agua al final del largo camino a pie, desde el arroyo hasta la casa de su patrón, pero cuando llegaba, la vasija rota solo tenía la mitad del agua. Durante dos años completos esto fue así diariamente. Desde luego, la vasija perfecta estaba muy orgullosa de sus logros, pues se sabía perfecta para los fines para los que fue creada. Pero la pobre vasija agrietada estaba muy avergonzada de su propia imperfección y se sentía miserable porque sólo podía hacer la mitad de todo lo que se suponía que era su obligación.
Después de dos años, la tinaja quebrada le habló al aguador diciéndole: “Estoy avergonzada y me quiero disculpar contigo porque debido a mis grietas sólo puedes entregar la mitad de mi carga y sólo obtienes la mitad del valor que deberías recibir.”
El aguador, apesadumbrado, le dijo compasivamente: “Cuando regresemos a la casa quiero que notes las bellísimas flores que crecen a lo largo del camino.”
Así lo hizo la tinaja. Y en efecto, vio muchísimas flores hermosas a lo largo del trayecto, pero de todos modos se sintió apenada porque al final, sólo quedaba dentro de sí la mitad del agua que debía llevar.
El aguador le dijo entonces: “¿Te diste cuenta de que las flores sólo crecen en tu lado del camino? Siempre he sabido de tus grietas y quise sacar el lado positivo de ello. Sembré semillas de flores a todo lo largo del camino por donde vas y todos los días las has regado y por dos años yo he podido recoger estas flores para decorar el altar de mi madre. Si no fueras exactamente como eres, con todo y tus defectos, no hubiera sido posible crear esta belleza.”

                  

lunes, 4 de mayo de 2015

El cuaderno de Noah

Yo todavía leía los libros de El barco de Vapor cuando llegó a mis manos El cuaderno de Noah.
No tenía dibujos y la letra era un poco pequeña. La portada tampoco resultaba especialmente atractiva, pero no era muy largo y a mi me gustaba leer. ¿Qué podía esconder un libro de mayores?

Mi curiosidad me llevó a descubrir que tras esas páginas amarillentas había una preciosa historia de amor. Amor de verdad. El cuaderno de Noah me abrió una ventana a un mundo adulto donde los enamorados se besaban, hacían el amor, y también sufrían.

Nunca escuché a nadie hablar de este libro hasta que años más tarde se estrenó la conocida versión cinematográfica. De repente todo el mundo hablaba de El diario de Noah, y yo me sentía el único ser en el mundo (o por lo menos de mi generación) que ya conocía esta historia antes de hacerse viral.

No sabría con qué versión quedarme, pues el libro lo leí hace muchos años. Lo que sí recuerdo es que dejé un papelito dentro, a modo de marcador, para releer siempre que quisiera aquella carta de Noah hacia Allie que tanto me gustaba. Hoy, vuelvo a abrir el libro, y ahí sigue la página señalada. Quizás ya no me emocione tanto, pero siempre es bonito encontrar pistas de lo que un día nos hizo vibrar.



domingo, 12 de abril de 2015

Match Point

De vez en cuando me gusta repasar y disfrutar de las películas que ya conozco, realizando un segundo o tercer visionado, para comprobar si los años han desvirtuado el recuerdo de la primera vez o siguen produciéndome esa sensación de PELICULÓN al terminarlas.

Creo que es interesante ver algunas películas varias veces porque nunca te transmiten lo mismo. Y no porque ya no exista el factor sorpresa, sino porque tu sensibilidad y empatía hacia los personajes o la historia cambia en función de la situación en la que te encuentres: si te has enamorado recientemente, te han engañado, has tenido un hijo, estás feliz o te sientes perdido/a.
De todas formas, lo bueno es bueno, y te seguirá gustando sea cual sea tu momento vital.

Match Point se estrenó en 2005, así que ha pasado tiempo suficiente (10 años ya!!!???) para darle ese requerido repaso.

"Aquél que dijo "más vale tener suerte que talento", conocía la esencia de la vida. La gente tiene miedo a reconocer que gran parte de la vida depende de la suerte, asusta pensar cuántas cosas escapan a nuestro control.
En un partido hay momentos en que la pelota golpea con el borde de la red, y durante una fracción de segundo puede seguir hacía delante o hacía detrás. Con un poco de suerte sigue hacía delante y ganas, o no lo hace y pierdes."


       

Con esta reflexión, que marcará toda la película, comienza este drama amoroso que juega con la seducción, la pasión, los celos y la desesperación.
Escrita y dirigida por Woody Allen, con un estilo diferente a la mayoría de sus obras. Para mi, entre las tres mejores de su filmografía. Elegante, potente, genial.

Con un final redondo se produce el Match Point, y este genio gana el partido. No se si has tenido suerte Allen, pero talento te sobra.

miércoles, 1 de abril de 2015

Oración para los vivos

“Vida,
Deshaz en mí todo aquello que necesite ser deshecho.
Corrige mi esperanza de ser enmendado.
Úsame. Saca de mí cada ápice de creatividad. Ayúdame a vivir una vida radicalmente extraordinaria, forjando siempre un camino jamás antes transitado en el bosque.
Enséñame cómo amar con más profundidad, como nunca antes creí que fuera posible.
Cualquier cosa de la que siga huyendo, síguemela mostrando con absoluta evidencia.
Cualquier cosa con la que siga en conflicto, ayúdame a suavizarme en ella, a relajarme en ella, a abrazarla completamente.
En donde mi corazón continúe cerrado, muéstrame la forma de abrirlo sin recurrir a la violencia.
Todo aquello a lo que me siga aferrando, ayúdame a dejarlo ir.
Regálame desafíos, luchas y obstáculos aparentemente insuperables, si crees que eso me ayude a tener una más profunda humildad y confianza en la inteligencia de la vida.
Ayúdame a reírme de mi propia seriedad.
Permíteme encontrar el humor en los lugares más oscuros.
Muéstrame un profundo sentido de descanso en medio de cada tormenta.
No me libres de la verdad. Nunca.
Deja que la gratitud sea mi guía.
Deja que el perdón sea mi mantra.
Deja que este momento sea mi eterna compañía.
Permíteme ver tu rostro en cada rostro.
Permíteme sentir tu cálida presencia en mi propia presencia.
Sostenme cuando tropiece.
Respírame cuando yo no pueda respirar.
Permíteme morir viviendo, no vivir muriendo.
Amén.”
Jeff Foster